13 Feb Bad Bunny en el Super Bowl LX: símbolos y referencias
No fue “solo” un show: el medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl LX se armó como una postal viva de Puerto Rico y, a la vez, como un recorrido por el barrio latino en EE. UU., con objetos cotidianos que funcionan como símbolos (comida callejera, dominó, sillas, letreros de negocios) y con guiños a música, migración y denuncia social. Hoy te explicamos, con imágenes, los símbolos y referencias del show de Bad Bunny en el Super Bowl LX: Puerto Rico, barrio, música, diáspora y mensaje social.
Porque en ELE USAL Strasbourg nos encanta este tipo de lectura cultural: entender lo que vemos es una forma directa de aprender español con contexto (y no solo con gramática).
La apertura: caña de azúcar y jíbaros (raíces)
La primera gran imagen coloca la historia antes que el espectáculo: aparece la caña de azúcar y un grupo de intérpretes con vestimenta tradicional blanca y pava, asociada a la figura del jíbaro, los campesinos tradicionales de Puerto Rico. ¿Por qué empezar ahí? Porque la caña es el símbolo del origen económico del Caribe, pero también de su historia colonial: riqueza construida sobre trabajo forzado, sobre manos que cortaron esa caña bajo un sol implacable durante siglos.
Es una manera de decir “esto viene de la tierra”, de un pasado económico y social que sigue pesando en el presente.
Español en el escenario más masivo
Desde el arranque, la puesta insiste en el español (incluida la presentación del artista con su nombre) como lengua central del relato. En un evento global, eso funciona como un gesto de identidad: no es “traducción”, es presencia.
Coco frío: calle, calor y memoria
Aparece el puesto de lo que en Puerto Rico llaman «coco frío»: agua de coco servida directamente del fruto, no en cartón de supermercado. Una escena que cualquiera que haya vivido el Caribe entiende al instante: calor, playa, esquina, vendedor ambulante.
Dominó: comunidad sin pantalla
La mesa de dominó (un clásico social en toda América Latina y el Caribe) no es un decorado cualquiera: es una forma de reunión, de charla, de barrio y de generaciones compartiendo tiempo. Por eso funciona tan bien como símbolo: te cuenta una cultura sin decir una palabra.
Salón de uñas: estética y vida cotidiana
El nail salon aparece como guiño a un hábito social, pero también a una realidad económica y cultural muy reconocible en muchas comunidades latinas.
Piraguas: un postre con nombre propio
Las piraguas (hielo raspado con sirope) aparecen como un detalle muy puertorriqueño, y podemos ver, además, botellas con banderas (México, Puerto Rico, España, Colombia). El mensaje es sencillo: lo latino es plural, y también se mezcla en lo cotidiano (hasta en los “sabores”).
“Villa’s Tacos”: México entra por el estómago
La aparición de Villa’s Tacos funciona como referencia concreta a la cultura mexicana y mexicoamericana, bajada a una escena muy real: comer, comprar, nombrar el sitio. Es un recordatorio de que el show no habla de “lo latino” en abstracto, sino por piezas reconocibles.
Puede parecer caótico si no conoces el contexto, pero cada detalle está ahí por una razón. Estos no son «adornos folclóricos». Son la vida diaria de millones de personas. La calle como espacio de encuentro, de conversación, de economía informal. El dominó no es solo un juego: es una excusa para estar juntos. El salón de uñas improvisado no es pobreza; es creatividad, es comunidad.
Para alguien que nunca ha estado en un barrio latino, esta escena funciona como una ventana. Para alguien que sí ha estado, es un espejo. Y ahí está la magia: Bad Bunny logra que ambos se sientan incluidos.
El boxeo: disciplina y rivalidad México–Puerto Rico
Uno de los cameos más comentados es el del boxeo, con Xander Zayas (puertorriqueño) y Emiliano Vargas (mexicoestadounidense) haciendo shadowboxing. Aquí el símbolo no es violencia: es disciplina, orgullo, historia deportiva y la rivalidad cultural México–Puerto Rico en el ring convertida en lenguaje visual.
“Compro oro y plata”: economía popular (y el anillo)
El rótulo de “compro oro y plata… efectivo” es una imagen urbana muy común. En ese entorno, el gesto del anillo de compromiso ofrecido y rechazado añade una mini-historia sobre valor, deseo y transacción (qué se compra, qué no).
La casita: entrar en el origen (literalmente)
Luego aparece algo que muchos reconocieron de inmediato: la casita. Una casa pequeña, de cemento, pintada de rosa, colocada en medio del estadio como si fuera lo más normal del mundo.
Esta casita no es cualquier casa. Es un símbolo que Bad Bunny ya había usado en su gira Debí tirar más fotos, y representa el hogar puertorriqueño tradicional: humilde, concreto, real. Lo que hace aquí es poderoso: en lugar de esconder sus orígenes para «encajar» en el espectáculo más estadounidense del año, los pone en el centro.
Y no está vacía. En el porche de la casita aparecen invitados como Cardi B (de República Dominicana), Karol G (de Colombia), Pedro Pascal (de Chile) y otras figuras latinas. La casa se convierte en punto de encuentro, en símbolo de hospitalidad y orgullo compartido. Es como decir: «esto es mi casa, y aquí caben todos».
Flor de maga: el “easter egg” puertorriqueño
De repente, la fiesta en la casita se convierte en una boda real oficiada en el escenario. Y entonces aparece Lady Gaga. Pero no la Lady Gaga «pop star» habitual, sino una integrada en la estética de la isla.
Lleva un vestido azul claro (de nuevo, ese azul con ecos independentistas) y, sobre el pecho, un broche enorme con una flor roja. Esa flor no es un adorno cualquiera: es la flor de maga, la flor nacional de Puerto Rico. En un evento global donde todo se mide al milímetro, que una estrella estadounidense lleve el símbolo floral de la isla en el pecho es un gesto de respeto y alianza cultural. Gaga no estaba allí para «robar el show», sino para honrar la casa donde estaba cantando.
La boda: dos culturas en un mismo ritual
La escena de la boda se plantea como símbolo de unión cultural, y lo más interesante es que se trató de una boda real (no solo actuación). En narrativa, ese detalle importa: el show te dice “esto está pasando de verdad” dentro del espectáculo.
Niño dormido y balón: infancia en clave latina
Bad Bunny despierta a un niño que se quedó dormido en sillas; la escena conecta con una experiencia compartida en muchas familias: fiestas largas, adultos conversando, niños agotados. El balón de fútbol americano en brazos mezcla lo estadounidense con lo familiar.
Reguetón y salsa: dos genealogías en el cuerpo
El show mezcla reguetón y salsa como lenguajes de baile y de historia musical. No hace falta “explicarlo” con teoría: se ve en la energía, en la postura, en el tipo de movimiento y en la respuesta del público.
“La Marqueta” y los negocios: el barrio como escenografía
La escenografía se vuelve un pequeño distrito comercial con barbería, licorería y el supermercado La Marqueta, asociado a comunidad puertorriqueña en Nueva York. Este bloque es casi una clase de cultura urbana: rótulos, nombres, comercios y sociabilidad como identidad.
Toñita: cuando una persona real representa una comunidad
En un momento del show, Bad Bunny avanza por un decorado que recrea una calle de Nueva York y entra en un bar para tomar un trago servido por una mujer mayor: Toñita. Para quien no la conoce, puede parecer un cameo más. Pero no lo es.
Toñita es María Antonia Cay, fundadora del Caribbean Social Club en Williamsburg, Brooklyn, un bar que lleva abierto desde los años 70 y que se ha convertido en refugio y punto de reunión para la comunidad puertorriqueña de Nueva York. El decorado del show era una réplica exacta del bar real, con la dirección «244 Grand St.» visible en escena.
¿Por qué importa esto? Porque Puerto Rico no solo está en la isla. Puerto Rico también está en Nueva York, en Orlando, en Chicago. Está donde la gente tuvo que irse a buscar trabajo, a construir una vida mejor, pero sin olvidar de dónde venían. Toñita representa la diáspora: esa parte de la identidad que se vive fuera, pero que sigue siendo auténtica. Y en un barrio como Williamsburg, donde la gentrificación ha borrado tantos espacios latinos, que ese bar siga ahí (y que aparezca en el Super Bowl) es un acto de resistencia cultural.
El niño del Grammy: identidad y aclaración del rumor
Aquí conviene ser precisos: el niño que recibe el Grammy es Lincoln Fox, un actor de 5 años, y que su vestuario replicaba el de Bad Bunny cuando era pequeño. El símbolo es directo: el éxito vuelve al origen, como si le dijera al “yo niño” que no se perdió.
El cuatro: la identidad también se escucha
Aparece el cuatro puertorriqueño, instrumento emblemático, en un momento de transición musical. Es un recordatorio de que un símbolo no siempre es una imagen: a veces es un timbre, una cuerda, una tradición sonora.
Sillas de plástico: el objeto más universal del patio
Luego aparece otra leyenda: Ricky Martin. Pero no sale bailando Livin’ la Vida Loca. Sale sentado en una silla de plástico blanca, de esas que hay en todas las fiestas de patio en Puerto Rico, frente a unas matas de plátano.
La canción que interpreta es clave: Lo que le pasó a Hawaii. Esta letra es quizás la más política de la noche. Habla de la gentrificación: el miedo a que Puerto Rico se convierta en un «paraíso para turistas» donde los locales ya no pueden permitirse vivir, tal como pasó en Hawái. Dice frases como «Quieren quitarme el río y también la playa».
Ver a Ricky Martin, el ídolo global, cantando sobre desplazamiento y precios de vivienda sentado en una silla de plástico barata, es un mensaje visual brutal: «somos estrellas, pero seguimos preocupados por lo que le pasa a nuestra tierra».
“El apagón”: cuando el show se vuelve comentario social
A continuación llega una de las escenas más intensas. Bailarines escalan postes eléctricos mientras saltan chispas, todo en medio de la canción «El Apagón». Para alguien de fuera, puede parecer solo espectáculo visual. Para alguien de Puerto Rico, es mucho más que eso.
«El Apagón» es una referencia directa a los apagones que han afectado a la isla durante años, especialmente después del huracán María en 2017, que dejó a Puerto Rico sin electricidad durante meses (el apagón más largo en la historia de Estados Unidos). Y el problema no se resolvió: los cortes de luz siguen siendo frecuentes, las quejas contra la empresa eléctrica LUMA Energy son constantes.
En una entrevista previa, dijo: «Puerto Rico es el único lugar donde debo instalar 15 generadores industriales porque no confío en la red eléctrica«. Entonces, esos postes eléctricos chispeantes no son solo estética: son rabia, son denuncia, son recordatorio.
El sapo Concho: pop + biodiversidad
El sapo Concho aparece como mascota asociada al disco; además, es el único sapo nativo de Puerto Rico y en peligro de extinción. Es un símbolo inesperado y muy eficaz: te hace hablar de territorio, naturaleza y cuidado desde un ícono pop.
La bandera (y por qué el color importa)
En varios momentos del show aparece la bandera de Puerto Rico. Pero no cualquier bandera: la que se muestra tiene el azul claro, no el azul oscuro de la versión oficial.
¿Por qué importa? Porque la bandera original puertorriqueña era de azul celeste, y ese color estaba asociado al movimiento independentista. Cuando Estados Unidos tomó control de la isla, el azul se oscureció para coincidir con el de la bandera estadounidense. Usar el azul claro hoy es, para muchos, una forma de reivindicar esa historia, esa identidad propia.
No todo el mundo «lee» ese detalle. Pero para quienes sí lo hacen, es un mensaje clarísimo.
El cierre: «Juntos, somos América»
El show termina con Bad Bunny gritando «God bless America» mientras en las pantallas desfilan las banderas de todos los países de Norte, Centro y Sudamérica: Chile, Brasil, México, Canadá, Estados Unidos, Puerto Rico… Y sostiene un balón de fútbol americano con la frase «Together, We Are America» («Juntos, somos América»).
Es un cierre político, sin duda. Porque redefine qué significa «América». No es solo Estados Unidos. Es un continente entero, con decenas de países, culturas, idiomas y experiencias compartidas.
Y en la pantalla aparece una última frase iluminada: «The only thing more powerful than hate is love» («Lo único más poderoso que el odio es el amor»). En un contexto donde los debates sobre inmigración, fronteras y políticas hacia Puerto Rico y América Latina están más polarizados que nunca, ese mensaje no pasa desapercibido.
De hecho, no pasó desapercibido. Donald Trump criticó públicamente la actuación, llamándola «un afrenta a la grandeza de América». Y legisladores republicanos pidieron a la FCC (la comisión federal de comunicaciones) que investigara el contenido del show. Esas reacciones confirman que el mensaje se entendió perfectamente.
¿Por qué importa todo esto?
Porque lo que hizo Bad Bunny no fue «solo» cantar. Fue usar el escenario más visto del año (135 millones de espectadores) para enseñar, para reivindicar, para mostrar que la cultura no es algo que se exhibe: es algo que se vive.
Y lo hizo sin traducir. Casi todo el show fue en español. Sin disculparse, sin adaptar, sin «hacerlo más fácil» para el público angloparlante. Porque el mensaje era precisamente ese: «esta soy yo, esto es lo nuestro, y merece estar aquí tal como es».
Para estudiantes de español (y para cualquiera que quiera entender mejor el mundo hispano), este show es una lección completa de cultura, historia, política y orgullo. Y lo mejor: todo eso camuflado en un espectáculo que también fue música, baile, luz y emoción.
Porque así funciona la cultura: te llega sin que te des cuenta. Y cuando menos lo esperas, ya estás aprendiendo.
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¿Quieres ver toda la actuación de Bad Bunny? Aquí tienes el enlace: espectáculo de medio tiempo del Super Bowl con Bad Bunny en Apple Music
Mini-glosario cultural (para llevarte a casa):
– Jíbaro: campesino puertorriqueño tradicional; símbolo de identidad rural y orgullo local.
– Diáspora: comunidad que vive fuera de su territorio de origen; en este caso, puertorriqueños en Nueva York y otras ciudades de EE.UU.
– Piragua: hielo raspado con sirope de colores; icono de la calle caribeña.
– Apagón: corte de electricidad; en el show, símbolo de las crisis energéticas de Puerto Rico.
– Gentrificación: transformación de barrios que expulsa a residentes originales por subida de precios; mencionada en relación con Williamsburg.
– Bandera azul celeste: versión independentista de la bandera de Puerto Rico, frente al azul oscuro oficial.
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