31 Oct Orígenes del Día de Muertos: la historia que no conocías
Cada año, cuando octubre llega a su fin, México se llena de flores de cempasúchil, velas, calaveras de colores y altares dedicados a los difuntos. El Día de Muertos se ha convertido en una de las celebraciones más reconocibles del país, hasta el punto de representar, en el imaginario internacional, una determinada visión de la identidad mexicana. Sin embargo, detrás de estas imágenes tan familiares se esconde una historia mucho más compleja de lo que parece. Algunas prácticas están profundamente arraigadas en las comunidades mexicanas, mientras que otras formas de representación, hoy consideradas tradicionales, son bastante más recientes.
¿Podría ser entonces el Día de Muertos menos antiguo de lo que pensamos? La cuestión no consiste en negar sus raíces históricas, sino en comprender cómo se construyen las tradiciones, cómo se transforman y cómo adquieren nuevos significados con el paso del tiempo. Para seguir esta evolución, debemos acercarnos a las creencias indígenas, las celebraciones católicas, las caricaturas de José Guadalupe Posada, los murales de Diego Rivera y, más recientemente, el cine de Hollywood.
Cuando James Bond inspiró un desfile real
En 2015, la película Spectre, protagonizada por Daniel Craig en el papel de James Bond, comenzaba con una espectacular secuencia ambientada en las calles de Ciudad de México. Miles de personas disfrazadas de esqueletos participaban en un inmenso desfile del Día de Muertos. Los disfraces, las carrozas y las figuras monumentales componían una escena fascinante, inmediatamente asociada con la cultura mexicana. Pero hay un detalle que merece especial atención: en aquel momento, ese gran desfile anual no existía tal y como aparecía representado en la película.
Secuencia inicial de Spectre (2015), publicada por el canal oficial de James Bond 007.
El éxito de esta representación cinematográfica contribuyó a inspirar un acontecimiento real. En 2016, Ciudad de México organizó un gran desfile del Día de Muertos que incorporaba elementos de la estética popularizada por la película. Desde entonces, este tipo de celebración se ha consolidado en el panorama cultural y turístico de la capital. El ejemplo resulta revelador: una imagen creada para el cine puede influir en la manera en que una sociedad celebra y presenta públicamente sus propias tradiciones.
Sin embargo, sería engañoso concluir que Hollywood inventó el Día de Muertos. Los altares familiares, las ofrendas, las visitas a los cementerios y las conmemoraciones de los seres queridos fallecidos existían mucho antes de Spectre. Lo que la película contribuyó a transformar fue, sobre todo, la dimensión espectacular y pública de la celebración en la capital. Para comprender este fenómeno, es necesario distinguir entre las prácticas culturales antiguas y sus representaciones contemporáneas.
Los orígenes del Día de Muertos: una historia más compleja de lo que parece
El relato más extendido presenta el Día de Muertos como una tradición prehispánica que habría sobrevivido durante siglos prácticamente sin cambios. Esta explicación contiene una parte de verdad, pero simplifica considerablemente la historia. Las sociedades indígenas de México mantenían complejas relaciones rituales con sus muertos, mientras que la colonización española introdujo las celebraciones católicas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, los días 1 y 2 de noviembre. Las prácticas actuales surgieron de encuentros, adaptaciones y transformaciones que variaron según las regiones y las comunidades.
La UNESCO describe las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como el resultado de la combinación de rituales prehispánicos y celebraciones católicas. En numerosas comunidades, estas festividades simbolizan el regreso de los seres queridos fallecidos, a quienes se recibe con flores, velas, alimentos y objetos depositados en los altares familiares. Estas prácticas poseen una dimensión familiar y comunitaria fundamental, que no puede reducirse a los desfiles y disfraces que hoy circulan ampliamente por las redes sociales.
No obstante, los historiadores advierten de los riesgos de suponer una continuidad ininterrumpida y perfectamente lineal entre el México precolonial y las celebraciones contemporáneas. Las formas que conocemos actualmente se desarrollaron a través de sucesivos contextos religiosos, políticos y sociales. Hablar de una tradición viva significa precisamente reconocer su capacidad para incorporar nuevos elementos sin perder necesariamente su relación con el pasado.
La Catrina, un icono que no siempre existió
Entre las figuras que hoy resultan inseparables del Día de Muertos, la Catrina ocupa un lugar especialmente destacado. Su rostro de esqueleto, su elegante vestimenta y su elaborado sombrero se han convertido en motivos omnipresentes en las decoraciones, los maquillajes y las representaciones populares de la celebración. Sin embargo, esta imagen no procede directamente de las civilizaciones prehispánicas. Su origen se encuentra en la sátira social mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX.
El grabador José Guadalupe Posada creó una figura conocida como la Calavera Garbancera, una calavera femenina adornada con un elegante sombrero. La imagen pertenecía a una tradición satírica que utilizaba los esqueletos para ridiculizar los comportamientos humanos y las diferencias sociales. Detrás de aquella apariencia distinguida se escondía un recordatorio mordaz: la muerte acaba borrando los privilegios y las jerarquías. En aquel momento, la figura era muy diferente de la Catrina completamente vestida que reconocemos en la actualidad.

De la caricatura social al símbolo nacional
La transformación de esta figura continuó varias décadas después. En 1947, Diego Rivera le otorgó una nueva dimensión en su monumental mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. La figura esquelética aparece ahora vestida con un largo traje y ocupa una posición central entre personajes que representan diferentes momentos de la historia mexicana. Junto a José Guadalupe Posada y un joven Diego Rivera, se convierte en uno de los elementos más reconocibles de esta extensa composición. Gracias a esta reinterpretación artística, la Catrina fue adquiriendo progresivamente un nuevo significado cultural.

Esta evolución demuestra hasta qué punto un símbolo puede cambiar de significado con el paso del tiempo. Nacida de la sátira social, la Catrina se transformó en un personaje popular y, finalmente, en un símbolo internacional del Día de Muertos. Su historia nos recuerda que aquello que hoy consideramos una tradición ancestral también puede ser el resultado de creaciones artísticas relativamente recientes, adoptadas y reinterpretadas por sucesivas generaciones.
Cómo una tradición se convirtió en símbolo de la identidad mexicana
Durante el siglo XX, especialmente en el contexto de la construcción de la identidad cultural tras la Revolución mexicana, las referencias a las culturas indígenas, el arte popular y las tradiciones regionales adquirieron una renovada importancia. Los artistas, las instituciones y las políticas culturales contribuyeron a configurar una identidad nacional en la que determinadas prácticas locales se convirtieron en símbolos ampliamente compartidos. El Día de Muertos formó parte de este proceso, sin dejar por ello de vivirse de maneras diferentes en las familias y comunidades de todo el país.
El reconocimiento internacional aumentó posteriormente la visibilidad de la celebración. En 2003, las fiestas indígenas dedicadas a los muertos fueron proclamadas por la UNESCO Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. En 2008, quedaron inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este reconocimiento se refiere fundamentalmente a las prácticas culturales de las comunidades que las mantienen vivas, y no a una versión única e inmutable de la celebración.
A esta valorización patrimonial se sumó una difusión mundial impulsada por el turismo, la fotografía, las redes sociales y las producciones audiovisuales. Películas como Spectre y Coco familiarizaron a millones de espectadores con el universo visual del Día de Muertos. Esta popularidad puede despertar un mayor interés por la cultura mexicana, pero también plantea una cuestión importante: ¿qué ocurre con las tradiciones comunitarias cuando la celebración se presenta cada vez más a través de sus imágenes más espectaculares?
¿Es menos auténtica una tradición cuando cambia?
Puede resultar tentador contraponer una celebración antigua, supuestamente auténtica, a una versión moderna considerada artificial. Sin embargo, esta oposición no hace justicia a la complejidad de las prácticas culturales. Una tradición no consiste necesariamente en un conjunto de costumbres transmitidas sin cambios durante siglos. Puede conservar significados profundos y, al mismo tiempo, evolucionar en sus formas, sus espacios y sus modos de transmisión.
El Día de Muertos ilustra especialmente bien esta tensión entre continuidad y transformación. Los altares familiares, el recuerdo de los difuntos, las ofrendas y las reuniones comunitarias conviven hoy con desfiles, instalaciones artísticas y acontecimientos turísticos. Estas diferentes expresiones no cuentan todas la misma historia, pero forman parte de una cultura en movimiento, reinterpretada continuamente por las personas que la mantienen viva.
Comprender los orígenes del Día de Muertos no significa, por tanto, buscar una única fecha de nacimiento. Se trata más bien de observar cómo las creencias, las prácticas religiosas, las creaciones artísticas y las representaciones contemporáneas se han encontrado hasta configurar una celebración reconocida actualmente en todo el mundo.
En Estrasburgo, aprender a mirar las culturas de otra manera
En ELE USAL Strasbourg consideramos que aprender español también significa descubrir las culturas de los países hispanohablantes. El 24 de octubre de 2026, nuestra escuela organizó un taller dedicado al Día de Muertos dentro de sus actividades para niños. Los participantes conocieron la historia de esta celebración, prepararon un altar, colocaron ofrendas y compartieron el tradicional pan de muerto.
El taller permitió acercarse a esta tradición a través de actividades prácticas y una experiencia cultural compartida. También ofreció la oportunidad de reflexionar sobre el recuerdo, los símbolos y la diversidad cultural, mostrando que una celebración nunca puede reducirse a sus elementos decorativos. Queremos agradecer especialmente a Julio y Daniel, que diseñaron y organizaron el taller, así como a Diana y Fátima, que acompañan a los niños cada sábado.

Este enfoque refleja nuestra manera de entender la enseñanza de idiomas: aprender una lengua también significa descubrir las historias, las perspectivas y los debates que atraviesan las sociedades en las que se habla. Las tradiciones pueden convertirse así en una puerta de entrada hacia una comprensión más matizada del mundo hispanohablante.
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Para saber más
Para profundizar en esta historia, los siguientes recursos ofrecen información de interés sobre su contexto histórico y cultural:
UNESCO — Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos, sobre la dimensión comunitaria y patrimonial de la celebración.
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para consultar investigaciones y recursos históricos sobre México.
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Nota editorial: las celebraciones contemporáneas del Día de Muertos presentan una gran diversidad de formas. Este artículo examina su evolución histórica y cultural sin pretender representar la totalidad de las prácticas de las comunidades mexicanas.
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